Si una cosa me llamo la atención nada más llegar a Colombia fueron sus refrescos. Debe ser deporte nacional el beber refrescos y de ahí ese tonelaje. Pero no me refiero a que lo normal sea en vez de nuestro botellín de 20cl. tomar siempre la de medio litro, no, no es eso. Allí no hay medios litros, ni 20cl. El botellín pasa a ser una enorme botella más grande que nuestras latas y la de medio litro se convierte en un pequeño tanque de 600 ó 750ml.Así puedo seguir con la de 1 litro, que hace pocos años se empezó a ver aquí y allí es de litro y cuarto. Todas ellas presentan un pequeño aumento que me pareció muy curioso, pero la que se lleva la palma son los botellones de 3L. que para tomarte un vaso primero tienes que merendar para levantarlos.
Además de sus curiosos tamaños existe una variedad enorme, pues junto con las bebidas internacionales conocidas por todos, coexisten refrescos autóctonos de los más dispares sabores. Cabe destacar los refrescos Postobón de manzana, uva y cereza y la Cola-Román. Pero si uno de ellos marca la diferencia es La Colombiana. Simplemente me encanta, es el mejor refresco que he probado, deja en pañales a la Coca-Cola. Además combina estupendamente con la cerveza en lo que se denomina “Refajo” y que es perfecto para acompañar cualquier comida, vamos, que es “La Clara Colombiana”.
